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Actos de Palabra y Derecho.

Autor:Amelia Castresana
Editorial:RATIO LEGIS
Categorías:Romano, Derecho, Editorial Ratio Legis
Año de Edición:2007
Páginas:167
ISBN:978-84-935300-9-9
Encuadernación:Rústica
Colección:
Precio:15,38€ + IVA
Cuando se dice que las lenguas son códigos y
que comunicarse consiste en codificar y descodificar
información, la realidad se encarga de demostrar
que las cosas no son tan sencillas. Hablar una
lengua es tomar parte en una forma de conducta
altamente compleja, gobernada por reglas. Aprender
y dominar una lengua es haber aprendido y
dominado tales reglas. Si bien es cierto, como ha
señalado SEARLE1, que la comunicación humana
tiene algunas propiedades no usuales, en tanto no
compartidas por otros tipos de conducta humana. Y
una de las menos usuales es ésta: «si intento decirle
algo a una persona, habré conseguido decírselo tan
pronto como esa persona reconozca que intento
decirle algo y qué es exactamente lo que estoy
intentando decirle. Sin un reconocimiento de este
tipo en mi oyente, no habré logrado decirle algo de
manera completa. En la parte del hablante decir
algo queriendo decir lo que significa, está conectado
estrechamente con la producción de ciertos
efectos en el oyente. En la parte del oyente comprender
la emisión del hablante está conectado
estrechamente con el reconocimiento de sus intenciones: «no es la literalidad lo que cuenta en el lenguaje-
observa LÓPEZ EIRE2–, sino la percepción
que realiza el receptor de la intención del que
habla, que puede ser mejor o peor captada por
éste». En el caso de emisiones literales, el puente
entre el lado del hablante y el del oyente lo proporciona
el hecho de que ambos tengan un lenguaje
común. El significado de una oración está determinado
por las reglas, y esas reglas especifican tanto
las condiciones de emisión de la oración como lo
que la emisión cuenta». El oyente reconoce el significado
de la oración desde su conocimiento de las
reglas. Y es que la lengua es un instrumento esencial
de la comunicación, pero también, desde luego,
de la cognición. La comunicación verbal, dicen
SPERBER y WILSON3, comienza realmente «cuando
es manifiesto que el emisor no sólo habla, no solamente
comunica al hablar, sino, sobre todo, dice
alguna cosa a alguien. La lengua puede ser utilizada
para cumplir acciones: son los actos de palabra».
Con ellos se crean obligaciones, se constituyen nuevas
situaciones sobre cosas o se generan nuevos
vínculos sociales. De esta forma la lengua se integra
en las instituciones sociales y jurídicas, porque
es innegable el carácter cultural y la naturaleza institucional
de los actos de palabra. No es lo mismo prometer que simplemente afirmar: «la promesa es
una forma particular de compromiso cuyo carácter
exacto está culturalmente determinado. Y en otras
sociedades…..es el juramento el acto de palabra
que crea compromiso.
De los actos de palabra en derecho romano me
propongo hablar aquí; de esa palabra –«mágica,
invasora profecía» –cuyo pronunciamiento en alta
voz ante la comunidad ciudadana crea ius, porque
el arte de la palabra se reconoce ars iuris.
Mucho antes de que los ciudadanos romanos
descubrieran la capacidad de las palabras para cumplir
acciones de derecho civil, la religión exigía del
hombre el cumplimiento de ciertos ritos,
instrumento político-social que servía para señalar la realidad y
cuyo valor estaba estrechamente ligado a su utilización social. Y
añade: «Gorgias de Leontinos (ya en Atenas en el año 427 a.C.)
describió el lenguaje como arma político-social: el lenguaje lleva
a cabo divinísimas obras en el ámbito político-social»; si bien el
lenguaje es incapaz de reproducir la realidad: «no comunicamos
cosas reales, sino discursos, que son una realidad distinta de las
cosas de las que se habla», afirmación ésta que define de manera
precisa la naturaleza retórica del lenguaje.
ien expiación; formula
la invocación de la siguiente manera: «ya seas un dios, ya
una diosa, aquel a quien este bosque está consagrado, así
como tienes derecho a que se te sacrifique un cerdo como
expiación por impedir que se extienda libremente este lugar
sagrado y por esos actos, ya sea yo, ya cualquier otro por
Actos de palabra y derecho
nos informa de las ceremonias que debe realizar el
paterfamilias y de las fórmulas con que ha de
acompañarlas. Todo está precisado en la plegaria
por la palabra y por el gesto. Es una fórmula rimada,
con frecuencia acompañada de música, un verdadero
carmen. Y estas palabras no son un sortilegio8,
un rito de magia, al menos en la religión
oficial; revelan en todo caso un sentido razonable,
nos enseñan qué espera el hombre de su oración.
Cada ofrenda va subrayada con la mención ut tibi
ius est, como tú tienes derecho a ello.
El aspecto de la ofrenda triunfa sobre su verdadera
naturaleza. El dios se atiene, sobre todo, a la
forma. La oración no trata de violentar a los dioses;
se dirige a su buena voluntad; implora su paz,
pacem deorum9. La religión consistía, como ha
puesto de relieve D’ORS10, «en un intercambio de
favores entre los hombres y los dioses, muy próximo
a la reciprocidad de las obligaciones jurídicas».
orden mía el que haga el sacrificio, que se lleve a cabo justamente;
en virtud de ello te pido ….que seas benévolo y favorable
a mí, a mi casa, a mis esclavos y a mis hijos…»
Actos religiosos y actos jurídicos compartían un
mismo carácter formal, lo cual no debe llevar a confundir
religión y magia; la primera «presupone una
operatividad divina, –asegura D’ORS– la segunda
pretende contar para sus manipulaciones con la
operatividad de fuerzas no-divinas».
Y es que, como muy bien ha expresado ORESTANO11,
«uno de los aspectos más ciertos de la
experiencia romana antigua es la convergencia de
numerosos testimonios sobre el valor y la función
que en el campo religioso y jurídico –al lado de
gestos y actos materiales– tenía la palabra, en el
sentido de signo lingüístico expresado verbalmente.
Entre las concepciones más larga y universalmente
conservadas tiene particular interés la creencia
en la fuerza creadora de la palabra considerada
como una realidad, un instrumento capaz de construir
el mundo sensible y de producir modificaciones
permanentes en él». Como acción portadora de
potencia, la palabra en esta rudis adhuc antiquitas12
producía efectos directamente, ex opere operato,
esto es, por el hecho mismo de ser pronunciada.
Venía considerada como una fuerza que se materializaba
en cualquier cosa real y estaba dotada de
una cierta permanencia, tanto que sólo una palabra
contraria –y no en todos los casos– podía dejarla
sin efecto13.
La palabra no sólo sirve a la comunicación discursiva
del pensamiento, más bien es «una verdadera
y propia forma de actividad, que atribuye poder,
imprime caracteres a las cosas, introduce nuevas
realidades en la vida…»14. Palabra y acto son la
misma cosa; lo que la palabra dice, a la vez lo produce.
No deja de ser, a mi juicio, muy significativo
en este sentido el cambio de orare por agere testimoniado
por FESTO15.
La oralidad pura constituye su propia verdad en
el hecho de su simple manifestación.
La verdad es el simple decir, y la palabra, como
expresión de poder, se constituye en canon de si
misma, en objeto sagrado que exige sumisión16. Es
16
14 Las mismas ideas sobre el agere creador de la palabra
refiere PASTORI, F., Il negozio verbale in diritto romano, Bologna,
Cisalpino, 1994, p. 72: «impostación religiosa, particularismo
de la concepción jurídica, fundamento consuetudinario, simbolismo,
rigor de la manifestación exterior y eficacia constitutiva
de la palabra», justifican, según PASTORI, las declaraciones jurídicas
y, con ellas, la creación de derecho. Es cierto que, conforme
a la antigua mentalidad, la voluntad por sí misma no es
tomada en consideración. No basta querer para mover la estática
o la inercia de los vínculos jurídicos, sino que es necesario
hacer, realizar una actividad según determinadas reglas para
conseguir determinados fines. El efecto jurídico se vincula al
agere. No se puede hablar de voluntad revestida de forma, ya
que en un primer tiempo el agere no es forma sino actividad
constitutiva de vínculo jurídico; así se ha expresado BIONDI, B.,
El mundo de la oralidad primaria –que corresponde
a culturas orales en las que no se conoce el arte de
la escritura–, un mundo, como advierte LÓPEZ
EIRE17, «en el que el lenguaje se compenetra íntimamente
con la magia y el ritual. El mundo de la oralidad
primaria es el del mágico poder de la palabra».
Indice:
INTRODUCCIÓN .............................................
LA ORALIDAD PRIMARIA: ACTOS DE PALABRA
DEL IUS SACRUM ...............................
– Bellum dicere. Foedus dicere. Ius-iurandum
.......................................................
ACTOS DE PALABRA Y DERECHO ROMANO
1.- Dicere ..................................................
2.- Legem dicere. Ius dicere .......................
3.- Variantes de dicere en otros actos de
palabra ....................................................
4.- Iura dare .............................................
5.- Verba dicere .........................................
LA AFIRMACIÓN DE PODER: ¿UNILATERALIDAD
DEL ACTO DE PALABRA? .................
1.- Nuncupare ...........................................
2.- Vim-dicere ...........................................
PREGUNTA Y RESPUESTA: BILATERALIDAD
VERBAL DEL ACTO DE PALABRA ............
LA DOCUMENTACIÓN DEL ACTO DE PALABRA
..............................................................
BILATERALIDAD CONVENCIONAL DEL
ACTO DE PALABRA ...................................
1.- El acto de palabra como acto de comunicación:
conventio y fidem alicuius
sequi .......................................................
EL ACTO CONSTITUTIVO: ACUERDO BILATERAL
Y OBLIGACIONES RECÍPROCAS ..
1.- Fides bona y conventiones iuris gentium
.....................................................
2.- Conventio. Contrahere. Contractus ......
EPÍLOGO .........................................................
BIBLIOGRAFÍA ................................................
ÍNDICE DE FUENTES ......................................

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